Entre tapatíos, tortas ahogadas y tequila.

El último fin de semana de enero, decidí irme en bus desde Ciudad México hasta Jalisco. De esos trips, sin planificar. Llamé a mi prima Gabriela,  quien estudia Medicina en Guadalajara  y le dije, ¡ahí voy! Desde el inicio, sentí una tranquilidad total, a diferencia del ajetreo extremo que se vive en la Ciudad de México (22 millones de habitantes). Claro, no hay comparación con la cantidad de personas que viven en la Ciudad, a la cantidad de personas que están en Jalisco (7 millones 785 mil habitantes). Es la cuarta entidad federativa más poblada de México; y uno de los estados más desarrollados en el país en cuanto a actividades económicas, comerciales y culturales. En ciertas partes de la capital y de algunos municipios, el nivel de vida es comparable a países desarrollados. Pero, al igual que en el resto de México, no es representativo de todos los municipios.

Mi primer día me fui de turista por el Centro Histórico de Guadalajara. Estuve pasando por La Minerva, la fuente más emblemática de Guadalajara, en donde cada celebración mexicana es festejada a sus alrededores. También visité la Catedral Metropolitana, obra arquitectónica más representativa de Guadalajara, la joya más preciada del Centro Histórico. Luego pude apreciar Los Arcos, los cuales fueron creados en 1938 como entrada principal a la Ciudad de Guadalajara, impresionante arquitectura. Otro monumento que me impresionó fue el de los Niños Héroes que defendieron la patria, columna de más de 50 metros de alto.  Al paso de la noche, nos fuimos para Tlaquepaque.

Tlaquepaque es un pueblito a media hora de el Centro de Guadalajara. Es hermoso, muy  colonial. Hay un sinfín de artesanías, restaurantes y mariachis en cada rincón. Allí probé la famosa torta ahogada, es uno de los platillos más típicos y representativos del estado Jalisco, particularmente de la ciudad de Guadalajara; aunque su popularidad se ha extendido a diferentes regiones del país. La “leyenda urbana” más conocida es la de un jornalero que llegó a su casa y, hambriento, buscó con qué saciar su apetito, pero sólo encontró un trozo de pan, un poco de frijoles machucados, trozos de carne de cerdo preparada como carnitas y una salsa de jitomate aguada. El hombre tomó los ingredientes y preparó una rara merienda, la cual fue tanto de su agrado que pidió a su esposa le revelara los ingredientes de la salsa, componente más importante de la torta ahogada. También se rumora que fue creada por un “accidente” cuando una mesera, en un descuido derramo la salsa sobre la torta de uno de los clientes, a principios de siglo pasado, fue tanto el enojo del cliente que pidió que la mesera se retirara. Prosiguió a comer su torta, y fue tal de su agrado, que pidió que le sirvieran otra exactamente igual. Y fue entonces que comenzaron a comercializar la torta ahogada en Guadalajara.

torta ahogada

Tortas ahogadas

Las tortas ahogadas se elaboran con un pan conocido como “birote” o “birote salado”, que es característico de la región, cuya consistencia es mucho más densa que el pan bolillo normal, y por tanto más crujiente en la capa externa y menos permeable, y su interior más firme, con un sabor ligeramente agrio debido a una fermentación un poco más larga, lo que permite sumergirlo en distintas salsas sin perder su consistencia. Dicho birote salado se rellena de carnitas estilo Jalisco puede ser en rebanadas, cubos o trozos, luego se sumerge en salsa picante de chile de árbol de Yahualica.

Al próximo día, nos fuimos para Tequila, a unos 45 minutos de Guadalajara, donde me estaba quedando, y allá conocimos el proceso total de elaboración del Tequila. Tuvimos una cata de tequilas, fuimos a los campos de agave, entre otras cosas, ya esa es otra historia que estaré por contarles. Ya regresando de nuestro pasadía, regresamos a Guadalajara al área de restaurantes más representativo, la Ave. Chapultepec. Es todo una avenida inmensa llena de miles de restaurantes, de todo lo que puedas imaginar. Una vida nocturna muy chula, entre paseos con artesanos, grupos en vivo de Jazz, entre otras cosas.

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Campos agave @ Tequila, Jalisco

Parada obligada,  es pasar por La Postrería de Jesús Escalera. La Postrería es un concepto de llegar y haber hecho espacio para tu postre. Su menú cuenta con aproximadamente 13 postres de restaurante diferentes. ¿Qué quiere decir esto? Un postre de restaurante es un postre complejo con diferentes técnicas aplicadas a cada uno de los sabores que componen el postre, claro cada sabor está ligado uno con el otro, pues tienen que tener relación. La idea es que el postre no sea solo dulce, si no darle espacio a lo salado, ácido, amargo, matices  florales, picantes, ahumados, texturas untuosas, heladas, calientes, sedosas.  Además tienen una lista de vinos para postres, espumosos, que maridan con cada postre. Es un ambiente casual, donde llevan el nivel alto y valor del postre a todo tipo de público. Además de que te puedes dar tu café y también hay opciones para llevar. Me gustó mucho su concepto, pues va dirigido exactamente a lo que me estoy especializando en la escuela que voy de Postres de Restaurante, en la Ciudad de México, Espaisucre.

Y es que México es la vida de comer, beber, disfrutar constantemente de su cultura, una muy amplia y donde son muy orgullosos y respetuosos de la misma, además de personas muy hospitalarias. Entre tequilas, mezcal y salsas picantes, ¡pasas tu día con picardía!

 

¡Gracias Gaby!

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